Un tema que debe llamarnos a la reflexión es que cuando nos trazamos una meta en el camino perdemos la perspectiva de las cosas. Tratamos de lograr nuestras metas a toda costa, aunque en el camino sacrifiquemos a nuestra familia, a nuestros amigos y, sobre todo, nuestra salud.
Lo peor es que basamos nuestra felicidad o miseria en el logro de los objetivos. Tener metas es importante; el problema es cuando las metas nos tienen a nosotros, es decir, cuando estamos apegados a los resultados.
Se define el apego como la creencia de que nuestra felicidad depende de personas o aspectos externos a nosotros. Cuando estamos apegados tenemos muchas emociones negativas y miedo de no conseguir los resultados porque, subconscientemente, consideramos que nuestra felicidad depende de ellos.
No está mal buscar la excelencia en lo que hacemos; el problema está cuando creemos que el logro de la meta que buscamos define nuestra paz y tranquilidad. Desapego no significa desinterés, sino la conciencia de que valemos por lo que ya somos y no por el éxito en alcanzar una meta.
Cuando estamos apegados y no logramos los objetivos, nos molestamos, nos da cólera, sufrimos y hasta maltratamos a nuestra familia, amigos o personal de la empresa, buscando culpables de los fracasos. Como consecuencia, generamos estrés y éste deteriora la salud de nuestro cuerpo. La pregunta es ¿vale la pena?
No, no vale la pena. El consejo a considerar es mantener una actitud de desapego que le permita mantener el balance en la vida.
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